¡Libérate de la culpa YA!

la culpa

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Todos hemos cometidos errores, hemos hecho cosas de las cuales no nos sentimos orgullosos, le hemos fallado a personas y eso nos ha hecho sentir culpables. También solemos buscar a alguien a quien culpar en situaciones comprometedoras.

La culpa puede causarnos heridas, y nos acostumbramos a dedicarle nuestros pensamientos y nuestro tiempo a tantas situaciones que han quedado en el pasado. Pero esa culpa no dejará de atormentarnos hasta el día que decidamos decir ¡BASTA!

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Jesús nos trajo  la mejor solución para LIBERARNOS de todo sentimiento de culpa (Juan 1:29) “…He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Jesucristo fue el cordero entregado en Sacrificio para limpiarnos y hacernos libres.

Es sorprendente la rapidez con la que la culpa puede entrar en nuestras vidas, a pesar de lo seguras o inteligentes que sean las personas. ¿Has experimentado alguna vez esta sensación?

La culpa, es una señal de advertencia emocional que la mayoría de la gente aprende a través de su desarrollo social normal desde la niñez.

Su propósito es hacernos saber cuándo hemos hecho algo mal, para ayudarnos a desarrollar un mejor sentido de nuestro comportamiento y cómo nos afecta a nosotros mismos y a los demás.

Es de suponer que su propósito es que repasemos minuciosamente nuestras acciones o nuestro comportamiento para que no acabemos cometiendo el mismo error dos veces.

La culpa puede ayudarnos a crecer y madurar

cuando nuestro comportamiento ha sido ofensivo o perjudicial para los demás o para nosotros mismos. Si nos sentimos culpables de decir algo ofensivo a otra persona, o de centrarnos en nuestras carreras con una semana de trabajo de 80 horas sobre nuestra familia, eso es una señal de advertencia con un propósito: cambiar nuestro comportamiento o sabemos que vamos a perder a nuestros amigos o familiares por no darles la atención que se merecen. Podemos optar por ignorarla, pero sabemos que va a comportar un riesgo. Esto se conoce como culpa “sana” o “apropiada” porque sirve a un propósito: tratar de ayudar a redirigir nuestra brújula moral o conductual.

Si reconocemos nuestros pecados y nos rendimos al pie de la cruz, no hay porque estar atados a la culpa, pues su sangre preciosa nos ha hecho ¡LIBRES!!

El juego de la culpa se acabo, es tiempo de disfrutar una vida santa y llena de la misericordia y gracia de Dios!

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