La muerte no entiende de razones, aún menos de tiempos

A las personas que ya no están con nosotros los llevamos en nuestro corazón, en ese rincón donde duerme lo eterno, ahí donde residen nuestros bienes más preciados

Asumir la pérdida de una persona, su muerte, no es algo fácil para nadie y que, además, va a obligarnos a tener que desplegar una serie de estrategias para las cuales nadie nos ha preparado.

¿Cómo decir adiós a quien hace un momento estaba a nuestro lado? La muerte no entiende de razones, aún menos de tiempos.

La muerte debería permitirnos una despedida. Tendría que ser como una estación de un tren, ahí donde ofrecer un adiós a nuestros seres queridos, dar un abrazo largo e intenso, decir esas palabras que siempre se quedan en el aire y que, en ocasiones, se convierten en auténticos pesares.

Ahora bien, puesto que es así como la vida construye su camino, hemos de adaptarnos a ella y entender en primer lugar, que no somos eternos, que todo esto que nos rodea no es más que un breve paseo. De ahí la necesidad de vivir cada día en la máxima plenitud.

Debemos conseguir que cada noche nos arrope sin tener cuentas pendientes, sin que se nos haya olvidado un “te quiero”, sin que el enfado nos obligue a descansar en la almohada con rencor.

Aprovecha cada instante con los tuyos al máximo, promueve la felicidad en cada uno de tus alientos cotidianos.

Porque nuestros seres queridos siguen estando en nuestra memoria, y, sin lugar a dudas, se alegrarán al saber que abrimos de nuevo los ojos al mundo y nos permitimos la oportunidad de ser felices.

La vida es un viaje donde cada momento cuenta. Lo vivido en el pasado marca lo que eres ahora, así que esa persona es una pieza más de tu esencia vital. La llevas contigo, y lo harás siempre. Vive de nuevo en plenitud y con esperanza porque todo ese amor vivido marca también lo que eres ahora.

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