Esta madre muestra que la intuición maternal jamás debe dejar de escucharse, aun siendo médico

Cuando un hijo está enfermo y no se sabe lo que le pasa, los padres recurren a los médicos. Pero, ¿qué hace un padre cuando los médicos no pueden diagnosticar el problema de su hijo?

Natasha Durling se encontró en esta situación cuando su hijo, Oliver, se enfermó y empezó a experimentar síntomas como vómitos, diarrea y dolor muscular.

Llamó a los médicos, que no estaban seguros de lo que estaba causando los síntomas. Lo descartaron como un virus que probablemente pasaría dentro de unos días, pero debían llevarlo si su fiebre se elevaba demasiado o duraba más de cinco días.

Durante los próximos días, la enfermedad del pobre Oliver empeoró

Oliver ya no comía ni bebía.

La madre, desesperada, preocupó a sus amigos y familiares por Facebook, cuando publicó cómo Oliver nunca había estado tan enfermo antes. Escribió: “Llega la mañana del lunes, está aún peor, no está comiendo ni bebiendo en absoluto, no se levanta, no usa el baño y ahora tiene un ligero sarpullido que se forma en su cuello y cara. Sus ojos están completamente inyectados en sangre, me aterro … y me preparo y me dirijo directamente al hospital de Annapolis para que lo revisen”.

Cuando llegaron al hospital, las enfermeras de emergencia inmediatamente pusieron en cuarentena a Oliver por miedo a que tuviera sarampión.

El médico examinó a Oliver y confirmó que no era sarampión, y sugirió tratarlo con Tylenol y Benadryl, descartándolo de nuevo como un virus. El médico envió a la familia a casa, aunque Oliver estaba claramente con dolor y severamente deshidratado.

Oliver se despertó a la mañana siguiente quejándose de que le dolía la pierna y tenía miedo de morir.

“Está cubierto de la cabeza a los pies con la peor erupción que he visto”, dijo Durling. “Su fiebre (con Tylenol y Benadryl) había pasado los 40.° C y sus labios estaban tan hinchados que estaban rotos y sangrando”.

Esto era insoportable. Estaba cansada de ver a su pobre muchacho sufrir en agonía y no ser capaz de hacer nada al respecto.

Lo llevó otra vez al hospital, donde le hicieron exámenes de sangre y le dieron una inyección.

Pero las cosas sólo empeoraron

Mientras Oliver estaba tratando de obtener una muestra de orina (y luchando debido a su deshidratación), comenzó a gritar, diciéndole a su madre que no podía ver y se estaba quedando ciego. Su madre corrió en su ayuda, y se puso rígido y cayó en sus brazos, de acuerdo con su posteo en Facebook.

La enfermera lo llevó a la UCI, donde los médicos fueron finalmente capaces de encontrar un diagnóstico: no era sarampión, sino la enfermedad de Kawasaki, una enfermedad cardíaca que causa inflamación del corazón y los vasos sanguíneos.

Aunque la enfermedad Kawasaki es rara, es afortunadamente tratable. Se encuentra más comúnmente en bebés y niños pequeños, pero una vez diagnosticados, se recuperan en pocos días.

Después de su diagnóstico, Durling dijo que su hijo pasó por transfusiones de sangre y “gritó de dolor toda la noche por su inflamación sanguínea, dolor de estómago e inflamación de las articulaciones y vomitó varias veces”.

Por suerte, a la mañana siguiente se sintió mejor. Su erupción se había ido y su fiebre estaba cediendo.

La batalla no había terminado todavía

Las enfermeras dijeron que Oliver estaba lo suficientemente bien como para poder irse a casa, pero Durling insistió en quedarse un par de días más. Quería asegurarse de que su hijo estuviera bien.

Esa noche, Durling estaba llevando a su hijo a caminar alrededor del ala del hospital para evitar el encierro. Las enfermeras la encontraron y los llevaron con urgencia a la habitación de Oliver. Le dijeron que las pruebas de orina de su hijo, de hecho, habían resultado positivas para el sarampión.

Oliver fue puesto en cuarentena y todos a su alrededor se aseguraron de tomar precauciones de seguridad – incluyendo máscaras y batas de protección.

“Ollie es el ÚNICO caso conocido por contraer sarampión mientras tiene todas sus vacunas actualizadas, y la enfermedad de Kawasaki al mismo tiempo”, dijo Durling. ¡Tengo un pequeño fuerte, valiente, no podría estar más orgullosa de él!

Oliver fue tratado por sarampión y fue dado de alta del hospital por segunda vez, pero una vez más, su madre se negó. Insistió en que se quedaran hasta que todas sus pruebas salieran normales.

Durling recomienda a los padres a confiar en su intuición. “¡Lucha por tus hijos si algo no parece correcto! Conocemos a nuestros hijos, así que no acepten una respuesta negativa”, escribió en su actualización de Facebook. Durling es un gran ejemplo de una madre persistente que sabe lo que es mejor para sus hijos. Confía en tu instinto de padre y haz lo que creas que es mejor para ellos.

La familia ha iniciado una cuenta de GoFundMe para ayudar a pagar los gastos médicos de Oliver, a los que se puede acceder aquí.

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